Sin saber cómo ni por qué, las cosas empiezan a salir bien. Así, sin más. Como una tregua en medio de una batalla que nunca sabes por donde te va a sorprender. Los disparos siguen, porque nunca paran, pero no me dan. Qué extraño. Pero, ¿para qué pararme a pensar en el por qué o en el cómo? Tengo que aprovechar y alargar esta pausa lo máximo posible.
Tampoco es que me estén pasando cosas buenísimas, pero no me pasan cosas malas, que no es poco. O a lo mejor es que no quiero darme cuenta. Me he quedado ciega, no totalmente, pero así se está mejor. Alejada de lo que me hace daño. O igual extremadamente cerca, pero alerta por si se le ocurre disparar.
Quizá he bebido demasiada cerveza, que también, y solo es eso. Pero bueno, no me puedo quejar, y menos ahora.
No hay comentarios:
Publicar un comentario