martes, 24 de junio de 2014

Que tu alma se llevó la mía.

Tarde de junio de lluvia. Y ahí estaba, debajo de todo. Como siempre. Con unas ganas increíbles de marcharme y no volver. Como tantas veces. No volver, nunca. O quizá si. Marcharme como una cobarde para volver como una valiente.Como una persona nueva, diferente. Con las pilas cargadas. Con la mente en blanco y los problemas de cero. Pero no puedo, ¿y que hago? ¿Cómo sigo? Necesito algo que valga la pena, y parece que por aquí no hay nada que se acerque. No se lo que quiero, ni lo que pido, ni lo que tengo, ni lo que soy. 
 Parecía que iba a ser diferente. Pero no, otra vez como siempre. Con los ojos empañados. Pero, ¿por qué? No se que narices me pasa, pero me pasa algo. Es como si quisiera volver atrás, muy atrás e intentar cambiarlo todo. Aunque no pude, aunque no podría, aunque no podré. Pero siento que todo es un eterno ojalá. Un ojalá que nunca se cumple. Que nunca se cumplirá. 

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