miércoles, 2 de julio de 2014

Que le den al mundo.

Todo es gris. Y todo se mueve. El blanco se consume poco a poco. Los colores están por el suelo. 'Y me consumo como una vela, no quiero a nadie a mi alrededor que me salpique esta puta mierda que algunos todavía llaman amor.' Y mira que este tío no me cae bien, pero que frase. Demasiado tiempo para pensar tengo. Y por eso me gusta el invierno. Quizá porque adoro la sensación de estar muriéndome de frío en esas gradas con la nariz congelada y una sonrisa bien grande. O que me gusta estar con ellas, hablando de todo y de nada mientras en la calle llueve. Pasarme las mañanas de sábado leyendo en la cama tapada con tres mil mantas. El café caliente de cada noche o la cerveza fría de los sábados. Y soñar. 
Probablemente esté harta de ser la niña buena a la que todo le va bien, que solo piensa en sus estudios y en llegar bien lejos. Probablemente. Y vivo con el miedo de hacerme daño. Vivo con miedo. Joder... Pero creo que si pienso que las cosas me van estúpidamente bien todo es mejor. Si, tirando. Olvidando, o intentando no recordar demasiado. Pero es que mi vida se basa en echar de menos. ¿Por qué os tuvisteis que ir? 

Creo que tendría que dejar de mirar atrás, pero jamás he sido buena en eso. Es como 'Y miras ahora y cualquier tiempo pasado fue mejor.' ¿Cualquiera? ¿De verdad? Bueno.. no lo sé. A veces me gustaría ser más egoísta, y pensar solo en mi. Pero no puedo, no sé. Esa gente que no llora, que no le duele lo que la gente le diga. Ojalá. Siempre pienso en lo que podría ser y no será. Y debería darme por vencida. Soy así, una pava que se preocupa mas por los demás que por mi misma. Y creía que había aprendido esa lección cuando me dejó rota, pero se ve que con el tiempo se me ha olvidado. 

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