A veces te toca retroceder al pasado para tener más claro tu futuro y que tu presente sirva para algo. Y sin querer estás leyendo los comentarios de anónimos en tu viejo blog. Ahí. Fue ahí donde tuvo que empezar todo. Esa publicación, ese comentario. Ese momento en el que te das cuenta de que puedes llegar a hacer sentir algo a otra persona tan solo con palabras.
Ni me acordaba de eso, pero la nostalgia me pudo y me puse a leer el blog desde el principio hasta el final. Cuanto han cambiado las cosas, cuanto tiempo ha pasado. Pero eso es lo de menos porque pase el tiempo que pase yo soy igual.
Sigo con mis manías, mis complejos, mi fútbol, mi discòrdia, mis ojos, mi pelo, mi amor por los pingüinos, mi odio a las chucherías, mi paraíso y mi mejor ciudad del mundo. Y por mucho tiempo que pasé se que seguiré perdida entre páginas y escondida tras letras. Seguiré con mi ron, mi tequila, mi humo, mis vans, mi música y mis ganas de nunca terminar de soñar. Mi café, mis horas de biblioteca, mis tardes de mayo y mis noches de febrero, mi cerveza de los sábados y mi playa de todas las mañanas.
Lejos o cerca seguirá siendo siempre eso. Siempre yo, con ellas, con nadie, con todo.
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