viernes, 26 de septiembre de 2014

Sigue escribiendo donde quiera que tu estés.

Hoy es tu día, o al menos siempre lo ha sido. Hoy seguirías impresionando a cualquiera que te viera terminar una de tus carreras; exhausto pero sonriente. Hoy soplarías una vela más y coleccionarías otro par de botas de montaña para seguir dando tumbos por todos y cada uno de los rincones de estas montañas. 

Pero no estás. ¿Por que no tienes que estar? Nos sigues haciendo falta, ¿sabes? Por muchos cumpleaños que pasen, cada 26 de Septiembre me levantaré pensando que la vida es demasiado injusta. No sabes lo duro que es vivir sin ti. Aunque creo que la peor parte es imaginarse como sería todo ahora si tu estuvieras aquí, y yo se que sería muy diferente. Se que te seguirías sentando en el mismo sitio de la mesa, que te seguirías acostando en tu sofá a ver a ver la Vuelta, los deportes o cualquier documental después de comer. Sé que seguiríamos viendo juntos los partidos, y no me cabe ninguna duda de que me llevarías al campo. Y eso es lo que más me duele, que sé que jamas voy a poder entrar contigo a un estadio, y me da igual cual, pero sabes que siempre había querido que fuéramos juntos, pero me tengo que conformar con saber que si no te hubieras ido ahora me llevarías.

Ya ves que todo no va tan bien como podría, pero seguimos adelante pese a todo. La abuela sigue luchando con todo, contra todo y contra todos. Es muy fuerte, pero te echa muchísimo de menos. Ya hace cinco cumpleaños que no estás y todavía sigue hablándome de ti y quejándose de la cantidad de libros que tienes metidos en casa. Y si, todavía están ahí; tus libros, junto a tus trofeos, en tu despacho. Menudo museo. 

Y bueno, felicidades abuelo, solo quería recordarte lo mucho que te tengo presente y la falta que me haces. Gracias por ser mi estrella. Te quiero.

martes, 2 de septiembre de 2014

2 de Septiembre, otra vez.

Ya ha pasado un año. Un año desde que te fuiste, pero sabes que llevo mucho mas echándote de menos. Ya hacía tiempo que no eras tu. Ya no me llamabas 'mi valencianeta', ya no me hablabas de mi abuelo, ya no me dabas dinero a escondidas, ya no hacíamos la tarta juntas en fallas, ya no poníamos las galletas y el café. Ni siquiera tu voz sonaba igual, ni tus ojos me miraban de la misma manera que siempre lo habían hecho.
No sabes cuanto echo de menos esos abrazos que me dabas cada vez que iba a verte. Y es que te fuiste de la manera más cruel... y ha pasado un año, pero parece que hayan sido diez.
Me haces mucha falta, pero no puedo hacer nada. Y va a volver a llegar el día de Navidad y tu no estarás en la mesa con nosotros. Es que no es justo...
Solo necesito que me sigas cuidando desde ahí arriba para poder conseguir lo que os prometí.

Siempre conmigo. Te quiero.